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El embarazo en detalle
No es lo mismo que te digan ‘acaba este informe en dos horas’ que ‘sé que tienes la capacidad y puedes acabar este informe en dos horas’. La primera frase no es más que una orden mientras que la segunda, pese a indicarnos lo mismo, tiene un plus que hace que emprendamos la tarea con una mejor predisposición. Es la diferencia entre tener una actitud motivadora o no tenerla.
Si esto funciona con los adultos cuánto más con los niños, mucho más influenciables y sensibles que nosotros. Educar partiendo de la motivación resulta indispensable para inculcar en los más jóvenes el afán de superación, pero no solo eso, el hecho de saber que confiamos en ellos hace que aumente su autoestima, además aprenden que los esfuerzos tienen recompensa y valoran el trabajo.
Pero con la motivación hay que tener cuidado ya que puede ser un arma de doble filo en función de como se emplee. Todas estas ventajas están referidas a una motivación llamémosla interna, motivamos al niño apelando a sus capacidades y fortalezas, ‘venga que tu puedes’, ‘eres muy mayor y lo vas a conseguir’, pero también podemos motivar con estímulos externos ‘si ordenas tu cuarto iremos al parque’, ‘si lo apruebas todo te compro el juguete’. Esta última fórmula de motivación entraña el riesgo de que el niño haga las cosas y se esfuerce solo por conseguir un premio o evitar un castigo, no valora la importancia del trabajo por si mismo. No se trata de renunciar a este tipo de aportes extra, pero no deben ser lo fundamental para motivar a nuestros hijos.
También hay que tener cuidado a la hora de exigir responsabilidades, quizá estemos pidiendo demasiado y por mucho que les motivemos nuestros hijos no llegan a nuestra meta. Esto es peligroso ya que se obtiene el efecto contrario. El niño ve que no es capaz, siente que defrauda a sus padres y esto mina su autoestima, esforzarse y no conseguir resultados acaba frustrando al menor que al final dejará de intentarlo. Por ello es importante que los padres sepan hasta donde pueden llegar sus hijos y motivarles sin presionar. Los niños deben tener ese ánimo extra pero también saber que no pasa nada si no lo consiguen a la primera.
Se pueden emplear fórmulas mixtas para incentivar la motivación por ejemplo ‘venga, que ese problema no es difícil para ti y si lo acabas tendremos tiempo de ir al parque’. Planteamos pequeños retos que sabemos superables y añadimos una motivación extra como es ir al parque, pero no como un premio si no como la consecuencia lógica de haber hecho bien el trabajo.
Educar bajo el paraguas de una correcta motivación ayudará a nuestros hijos afrontar su vida diaria con ánimo, sabiéndose capaces de superar las dificultades pero siendo también resistentes ante los obstáculos más difíciles de superar. No será una tarea sencilla y los padres deberán cambiar en ocasiones sus pautas de conducta, también habrá que involucrar en esta forma de actuar a todos los implicados en la educación de los niños.
Foto: Flickr
Referencias: Wikipedia | Medline | UNC
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